Opinión: Bendita jubilación
 Por Cristina Baquero (Alcañiz)
No estoy segura de que todo el mundo comparta la misma suerte. Hay gentes a los que su labor no les exija enormes esfuerzos fÃsicos, que ganan lo suficiente para vivir sin lujos pero sin estrecheces, que dentro de unos años se encontrarán algo más discapacitados, más mentalmente que fÃsicamente, pero también hay gentes a las que las fuerzas les abandonan, el desencanto ante sus condiciones laborales les invade y saben que no pueden ejercer su labor tan eficazmente como antes.
Hay gentes que, amparándose en lo que ha venido ocurriendo con sus antecesores, se creen con derecho a un descanso que otros han logrado hace ya mucho tiempo, quizás con apenas cincuenta y tres años.
El Gobierno, a los que les hemos encomendado dirigir el paÃs y sus circunstancias, nos tiran propuestas no acabadas para que las vayamos discutiendo en las calles, a ver qué sale.
Seguro todos nos preguntamos, ¿es lo mismo la jubilación de un periodista que la de un vendedor de grandes almacenes?, ¿igual la de un polÃtico que la de un agricultor?, ¿no se deberÃan tener en cuenta las condiciones fÃsicas y mentales de cada persona a la hora de decidir jubilarlo?, ¿no serÃa bueno que cada cual pueda a partir de un lÃmite mÃnimo jubilarse cuando quiera y hasta donde crea que puede? Obviamente, las condiciones laborales no son igual de cómodas para todos.
El Estado está jugando con la conciencia de que el ser humano arrastra la losa del trabajo durante años para que pueda descansar teniendo sus necesidades cubiertas, no se preocupa del individuo ni por sus circunstancias, es una imposición sobre la persona.
(Este texto aparece publicado en el periódico La Comarca del viernes 5 de febrero de 2009)